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domingo, 4 de mayo de 2014

LA MADRE QUE NOS PARIÓ



El día de la madre no es un invento de El Corte Inglés. Se lleva celebrando desde tiempos “terremotos”, así que que no vengan los amargaos de turno a joder la marrana. Y, de todas formas, si así fuera, ¿os molesta? ¿Es algo malo dedicar un día del año a enaltecer la figura de la madre que todos tenemos? ¿Alguien os obliga a ir a comprar frenéticamente? Sí, la mayoría de madres dicen: “El día de la madre tiene que ser todos los días”. Claro, y el de la paz mundial, pero no por eso nos dedicamos a matarnos el resto del año.

Mi diccionario, que es de 1936, define “madre” como “hembra que ha parido”. Si la definición sigue siendo la misma o no, me da exactamente igual, porque no hay discusión: toda hembra que pare es madre. Parir es muy difícil, y tiene mucho mérito, pero también lo hace una rata. Hay mujeres cuya definición de madre termina en el momento de parir. Pero de ese tipo de madres ya se encargan de hablar la tele y la cruda realidad.

Casi todo el mundo piensa que su madre es la mejor. Pero hay casos en los que lo de que madre no hay más que una es un alivio. Tú lo ves desde fuera y te preguntas cómo es posible que esos hijos sientan tal adoración por una madre cuya vida está guiada por el egoísmo. Es decir, todo lo contrario a la esencia del amor maternal. Pero es así, y todos hemos visto casos a nuestro alrededor. Si el amor de madre es fuerte, no lo es menos ese amor ciego y sordo de algunos hijos.

Pero vosotros, que estáis leyendo esto, es muy probable que tengáis unas madres estupendas. Porque la gran mayoría lo son. Nos aguantan lo que no nos aguanta nadie, se preocupan por nosotros como no se preocupa nadie, nos perdonan como no nos perdona nadie. Les hacemos sufrir, pero ellas se olvidan. Les fallamos, pero siguen creyendo en nosotros. Desoímos sus consejos, pero ellas nunca se cansan de darlos. Una madre, una verdadera madre, nunca se cansa de dar. Nunca tira la toalla con nosotros. Nunca nos olvida.

Mi madre es una de estas madres. Una de esas madres imprescindibles; porque la necesito y la necesitaré siempre. Aunque sí pienso que ha fallado en algo, sí: no haber llegado a sacarse nunca la puñetera zapatilla

2 comentarios:

  1. Ja, ja, ja ... Me encanta cómo lo cuentas. La parte triste, es verdad, existe y los telediarios se encargan de contárnosla, en los casos más graves. Tanto de madres que no son madres, como de hijos que pierden a sus madres. Pero hoy es un día "light", relajadito...de corteinglés.

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